El banquillo de baloncesto, tanto en este deporte como en cualquier otro deporte de equipo, constituye un ecosistema de lo más peculiar, en el que suceden muchas cosas, se tratan muchos temas y donde incluso pueden llegar a forjarse grandes vínculos entre personas.

En este post vamos a describir en clave de humor a algunos de los “habitantes de banquillo de baloncesto ” más habituales y con los que seguramente habréis coincidido en muchos de los momentos en que os haya tocado dejar vuestro sitio en el campo a otro compañero.

1. El Hooligan:

Se deja la vida animando cada vez que lo sientan en el banquillo. No para de gritar y empujar cada vez que su equipo defiende y aplaude todos y cada uno de los esfuerzos de sus compañeros en uno u otro lado del campo. Su ímpetu y pasión lo convierten en un aficionado más y hacen que momentáneamente olvide que no está en la grada y se dedique a realizar observaciones a los árbitros no en el más educado de los tonos ni con las mejores maneras, con las (a veces) nefastas consecuencias.

2. El Torpe:

Da igual lo bien y lo muy a la vista que te esmeres en colocar los bidones de agua; él siempre se las va a ingeniar para acabar derribando el que más lleno esté cada vez que pase al lado del banquillo, convirtiéndolo todo en una auténtica ciénaga.

3. El Enfermo:

Lleva toda la semana tosiendo y está pálido como una vela. Parece que le queden dos semanas de vida y te avisa para que no bebas de esa botella que ha traído exclusivamente para él y que es exactamente igual que todas las demás…a principios del tercer cuarto. Sólo te queda rezar para no ser el siguiente.

4. El Supersticioso/Maniático:

Por alguna extraña razón que es incapaz de explicar de manera racional, siempre tiene que sentarse en el mismo lugar del banquillo, generalmente la esquina más alejada del entrenador, para que todo salga bien. Considera que los ojos del universo están fijos sobre sus pequeños gestos y que seguir la misma rutina de partido, llevar los mismos calcetines y atarse las botas en el mismo orden en que lo hizo aquella vez que jugó tan bien y vuestro equipo terminó ganando ese partido será primordial para que el destino vuelva a discurrir por esos mismos cauces.

5. El Despistado:

Suele ser una persona muy entrañable y con la que es casi imposible enfadarse pero su capacidad de atención y retención es, cuanto menos, bastante limitada. No es capaz de fijarse en cómo juegan sus rivales, en quiénes son buenos o no, en cómo atacan o defienden. Pregunta constantemente si estáis defendiendo en individual o en zona, no presta atención a la pizarra en los tiempos muertos y a veces sale al campo sin quitarse la camiseta de calentar, con un colgante en el cuello o una ristra de pulseras en la muñeca…y hasta el tercer o cuarto ataque no sabe a quién tiene que defender.

6. El Tertuliano del Corazón:

Tiene una gran agudeza visual, por lo que puede distinguir el rostro de cualquier persona que esté sentada en la grada. Es un auténtico escáner humano. Está mucho más pendiente de ver si tal chico o tal chica han venido a veros que de lo que hacen sus compañeros. Te sabe decir todas y cada una de las personas que han acudido al partido con nombres y apellidos, a qué hora han llegado y quién se ha sentado con quién. Incluso es capaz de entenderse y mantener una conversación con ellos desde el banquillo, independientemente de la distancia que les separe.

7. El Ogro:

Cada vez que el entrenador lo cambia, más te vale no estar en su camino. Abandona el campo gritando improperios al aire o contra sí mismo. No suele chocar la mano a nadie y si lo hace vuelca en ello toda su ira. Si a esas alturas del partido aún queda algún bidón en pie que el torpe no haya derribado o un balón que se interponga entre él y su destino, tendrá muchas papeletas de ser pateado. Se sentaría en la esquina del banquillo más alejada de todos si el supersticioso/maniático no la estuviera ocupando, así que tiende a quedarse sentado en el suelo con la cabeza escondida bajo una toalla o camiseta sin hablar con nadie hasta que se le pase el pronto,

8. El Conspirador:

De naturaleza rebelde, no le gusta acatar las normas ni seguir los sistemas. Busca aliados de mentalidad afín entre sus compañeros del banquillo de baloncesto para que cuando coincidan ellos en pista, jugar de tal o cual manera o sobre este o aquel jugador, aunque ello no comulgue con las premisas que haya podido dictar el entrenador.

9. Mary Poppins:

No importa si necesitas una venda para sujetar una articulación, esparadrapo para cubrirte un piercing, crema para algún dolor muscular, cordones de repuesto o una camiseta de sobra. En su bolso de deporte sin fondo aparente este jugador es capaz de poner a tu disposición el enser más insospechado que puedas llegar a necesitar.

10. Il Tifoso:

He dejado para el final el que más me divierte. No puede creer que el equipo de fútbol de sus amores tenga que jugar el partido del año el mismo día y a la misma hora que él. Está todo el calentamiento y el partido intranquilo y cada vez que el juego se detiene pregunta sin disimulo al banquillo o incluso a la grada por el resultado. El problema es que, conociendo a sus compañeros de equipo, nunca llega a tener la certeza de si le están diciendo la verdad o se están quedando con él, por lo que cuando es sustituido vuela a por su teléfono móvil y se pasa todo el tiempo que está en el banquillo de baloncesto consultando el resultado a escondidas cada dos minutos.