Desde este jueves 8 de septiembre, nuestra selección masculina de Baloncesto en Silla de Ruedas tratará de repetir el éxito que nuestros equipos olímpicos de chicas y chicos consiguieron hace apenas tres semanas en el mismo escenario de Río

La selección femenina no tendrá la oportunidad de disfrutar de la experiencia única que supone vivir unos Juegos ya que no pudo obtener el billete para Río en el Europeo de Baloncesto en Silla de Ruedas que se celebró en Worcester (Inglaterra) el año pasado.

El baloncesto en silla de ruedas surgió de manera espontánea en Estados Unidos a mediados de la década de 1940, cuando soldados que volvían de la Segunda Guerra Mundial con lesiones medulares comenzaron a practicar esta versión adaptada del deporte de la canasta. A mediados de la década siguiente, esta modalidad del baloncesto cruzó el Atlántico gracias a la participación de los estadounidenses en los Juegos de Stoke Mandeville (Inglaterra), precursores de los actuales Juegos Paralímpicos.

Las reglas son prácticamente las mismas que las del baloncesto convencional: las dimensiones de la pista son idénticas, el aro está colocado a la misma altura del suelo, la línea de tres puntos se encuentra situada a 6,75 metros y los partidos tienen exactamente la misma duración (cuatro cuartos de diez minutos cada uno)…y en cuanto a la manera de utilizar el balón, los jugadores pueden dar hasta dos impulsos a la silla con el balón controlado, tras lo cual necesariamente deben botar, pasar o lanzar la pelota.

El baloncesto en silla de ruedas ha formado parte del programa de los Juegos Paralímpicos de manera ininterrumpida desde Roma 1960 en chicos y desde Tel Aviv 1968 en chicas y es uno de los deportes que más tirón tiene en estos eventos que también tienen lugar cada cuatro años.

Estados Unidos (¡oh, sorpresa!) es el país que lidera el medallero histórico en este deporte, tanto en categoría masculina (con 7 oros) como en femenina (3 oros, al igual que Alemania pero con mayor número de medallas totales).

Zoom durante un partido

Nuestra selección todavía no ha conseguido colgarse ninguna medalla en unos Juegos pero al igual que nuestras “flaquitas jugonas” hace menos de un mes… ¿por qué no van a ser éstos los primeros? (Casi) siempre hay una primera vez para todo y el optimismo nos invita a imaginar que el Carioca Arena es el escenario ideal para mejorar nuestra mejor clasificación histórica, que fue el quinto puesto obtenido en los pasados Juegos de Londres 2012, donde nos destapamos como equipo revelación del torneo.

El sistema de competición es exactamente idéntico al de los Juegos Olímpicos que acabamos de clausurar y que ya todos conocemos de memoria: dos grupos de seis equipos en los que se enfrentan todos contra todos y en el que sólo los cuatro mejores avanzan hacia las eliminatorias de cuartos de final, enfrentándose el primer clasificado de cada uno de los grupos contra el cuarto clasificado del otro grupo y el segundo contra el tercero a partido único.

A estas alturas de la película y con todo lo aprendido durante el último mes, ya todos deberíamos tener claro que lo importante no es cómo se empieza sino cómo se termina, que en la fase de grupos una derrota temprana no es el final de nada y que ninguna victoria es definitiva, que nunca se sabe si es mejor pasar primero de grupo barriendo a los rivales o clasificarse tercero o cuarto in extremis y sin hacer mucho ruido ni llamar en exceso la atención.

Al final, como comentamos en posts anteriores, lo importante es llegar lo mejor posible al cruce a vida o muerte de cuartos, en el mejor estado físico y anímico que la competición permita y, a poder ser, en una línea ascendente de juego y de sensaciones. Y buscar y esperar que también aparezca y no sea esquiva esa pizca de suerte que a todo equipo campeón tiene que acompañar.

Nuestra selección está encuadrada en el Grupo A junto a Canadá (contra quien debutamos el día 8), Japón, Turquía, Australia y Holanda (contra la que cerramos la fase de grupos el día 12), con lo que evitamos al siempre complicado equipo anfitrión y al “coco” de Estados Unidos, que conforman el Grupo B junto con Argelia, Gran Bretaña, Irán y Alemania. La fase de grupos es terriblemente exigente a nivel físico, ya que se disputan los cinco partidos en cinco días y no hay apenas tiempo para recuperar ni oxigenar cuerpo y mente entre un duelo y el siguiente, por lo que este aspecto se antoja aún mucho más importante incluso que en el Torneo Olímpico de hace tres semanas, donde sí que había algún día de descanso entre partido y partido.

Desde el otro lado del charco, todo nuestro ánimo y el deseo de que disfrutéis de vuestra experiencia olímpica ganada a pulso.

¡A por todas, chicos!